Reflexion: ¡Sí se puede!

Un anciano que vendía globos en una plaza soltó uno de ellos para atraer la atención de posibles clientes; cuando éstos comenzaban a escasear, repetía la estrategia y así fue desprendiéndose de globos verdes, rojos, blancos y amarillos. Intrigada una niña de raza negra, acercándose al anciano le preguntó: -¿si usted suelta un globo negro, también se elevará? -Hija, contestó el interpelado, lo que hace que los globos se eleven no es el color que tienen sino el gas que llevan dentro.

Algo parecido ocurre con nosotros: metas y objetivos definidos y el fervoroso deseo de alcanzarlos, nos impulsarán a elevarnos a la altura de nuestros sueños.

Hace varias semanas, por segunda ocasión consecutiva , la selección ecuatoriana logró la clasificación a un mundial de fútbol. Trece millones de ecuatorianos, sin distinción de razas, edad, credos o posición social, desbordantes de alegría festejamos el suceso; abrazos, risas, aplausos, una que otra lágrima furtiva, caravanas interminables de vehículos y el grito a todo pulmón de ¡Sí se pudo!, matizaron la celebración que en la mayoría de los casos se prolongó hasta el amanecer.

El importante logro reforzó el sentimiento de ecuatorianidad en el corazón de cada uno de los hijos de este suelo. La hazaña de ese grupo de futbolistas, sumada a la que protagonizara semanas anteriores nuestro campeón olímpico y mundial en marcha, reforzaron el criterio que cuando se tienen ambiciones, con respeto personal, autodisciplina, continuidad y esfuerzo, se pueden lograr los propósitos. He ahí la mejor de las lecciones.

El plantearnos metas y tener anhelos intensos de lograrlas serán siempre necesarios pero nunca suficientes. ¿Cuántos propósitos y buenas intenciones no se han quedado sólo en eso? Y es que, como algunos lo repiten, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Por mucho tiempo nuestras selecciones se quedaron en la mitad del camino, a pesar de contar con más de un deportista de reconocidas habilidades. Los futbolistas de hoy, conscientes que son parte de un equipo que persigue un objetivo definido, buscan la forma más eficiente de coordinarse para conseguirlo con la participación de todos.

En general, ¿qué se requiere para que un trabajo en equipo dé los frutos esperados?

He aquí algunos de los requisitos que los entendidos señalan:

Que se definan tanto las metas del equipo como las individuales.
Que los integrantes conozcan dichas metas y lo que se espera de ellos.
Que los miembros estén motivados para iniciar nuevos proyectos.
Que exista un compromiso personal para el logro de resultados.
Que la gente comparta sus talentos individuales.
Que se discutan los problemas para conciliar las diferencias de opinión.
Que se tenga a los miembros pensando en el problema para generar más soluciones motivadoras.
Que haya un ambiente de respeto y confianza para cada uno de los miembros, propiciado por el líder.
Que se brinde reconocimiento público.
Que se evalúen al final las reuniones.

Marcelino Maridueña, Ecuador


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