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Ayúdame a encontrar de nuevo mi camino, ese camino que era tan claro
de seguir, estaba alumbrado por luciérnagas por la luna y por el sol, era un
camino bien señalado.
Este camino era fácil de seguir, pero no era fácil de transitar, y mientras
mas lo seguí, mas doloroso era, no por mi, mi dolor no importaba, si no
por el dolor que de la persona que tenia que cargarme, ese si era insoportable.
En mi afán de que ese dolor cesara, deje de ver mi camino y trate de aliviar
la carga para la persona que para mi era, la mas maravillosa del mundo, no
soportaba verla sufrir.
¡Déjame! Dije, camina y te seguiré. Ella siguió el camino y yo la seguía a ella.
Luego decidí que debía hacer mas, debía suavizar aun mas su camino y decidí
Correr. Y fue hermoso sentir como el viento rozaba mi cara, sentir el sudor en
mi cuerpo, cada vez corría mas aprisa, y como en poco tiempo alcance a
verdaderos corredores, de esta vida, fui el mejor; ¡Señor! Fue tan bella
Experiencia.
Mientras tanto ella seguía sufriendo, y mi dolor no cesaba, al contrario, me
sentía cada vez peor. Por que había hecho tanto, en tan poco, para nada, su
dolor seguía y el mío también.
¡Señor! Te pedí tanto que me ayudaras, pero tanto, tanto, que me frustre y en
mi carrera sofocante, fui dejando pedazos de dolor, de la única forma posible
dejando pedazos de corazón, de vida, de ilusión; y paso que la cólera, la envidia,
y la codicia, se apoderaron de mi llenando los vacíos, que dejaron los pedazos
que deje en el camino. Llegue a dudar y blasfemar, a pesar que a cada momento
tuve muestras de tu amor hacia mi. Pero el dolor seguía destrozándome por
Dentro, era insoportable, cada día ver al ser amado sufriendo y no poder hacer
nada, es terrible sentir la impotencia frente a una realidad. Casi sin corazón
olvide las cosas que hacían de mi lo que yo era mi mundo de sueños, mi amor
por las cosas, y mi capacidad de ingenio para ayudar.
En mi locura creí que tocaba el cielo, sabes, luego me di cuenta que que había
perdido el camino, el motivo de mi lucha, ya no estaba a mi lado, y el dolor
fue tan grande Señor, no sentí frió, no sentí calor, me quede en blanco.
No me despedí, no pude llorar, no reaccioné, no hice nada, solamente he
muerto también. Y tendré que vivir con este dolor, hasta que nos encontremos
de nuevo, cara a cara.
Amen.
Manuel Gonzales
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